Olga Osorio:

Hacía ya tiempo que tenía este blog un poco parado…. No es que le vaya a echar el cierre ni mucho menos pero hace un mes o así que he puesto en marcha “Periodistas de cine”, un blog sobre la imagen del periodista en el cine. En este post, por ejemplo, se recogen 10 momentos brillantes en los que el cine retrata el fotoperiodismo. Visitad periodistas de cine si queréis ver más sobre el particular…

Originalmente publicado en Periodistas de cine:

Para los fans de las listas, aquí va una selección de los que posiblemente sean los diez mejores momentos cinematográficos sobre fotoperiodismo en el cine del siglo XX. Al menos lo son según mi criterio. Ojo, que en algunos hay spoiler.

  1. La escena del Playón: Salvador (Oliver Stone, 1986)
  2. Nunca has ganado una guerra:Bajo el fuego (Roger Spottiswoode), (1983)
  3. No puedo aborrecer a nadie. Sólo soy una fotógrafa:  The Philadelphia Story (Historias de Filadelfia), (George Cukor, 1940)
  4. Americanos, civiles americanos!: Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)
  5. Los paparazzi: La dolce vita (Federico Fellini, 1960)
  6. El mejor operador de cámara:The Cameraman (Edward Sedgwick, 1928)
  7. ¿Sabes qué es un fotógrafo? : El ojo público (The public eye), Howard Franklin, 1992 
  8. Versionando la verdad: Too Hot to Handle (Sucedió en China). 1938
  9. ¿Tiene usted una foto de su nieto?: Tinta Roja (Francisco J. Lombardi), 2000
  10. Un periodista duerme con su cámara, come con…

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Manipulación buena, manipulación mala.

A raíz de la lectura de este artículo de Xosé Manuel Pereiro “Machistas e periodistas” me han asaltado algunas reflexiones cuya explicación excede los 140 caracteres del Twitter, así que aprovecho este abandonado blog para tratar de darles forma.
Cuando se publicó el informe al que se refiere Pereiro, todos o casi todos los medios de comunicación titularon con el dato de que el 80% de los chicos pensaban que en una relación las chicas debían complacerles. Mi primera reacción al leer los titulares fue de satisfacción por la existencia de un informe científico que corroroboraba lo que yo hace tiempo que percibo en las aulas con mis alumnos y alumnas y lo que confirmo que va a peor cada vez que voy al parque con mis hijos.
El año pasado hice una práctica con mis alumnos de la facultad de comunicación, divividos en cinco grupos integrados por diez u once personas cada uno de ellos, de las cuales la proporción solía ser de ocho o nueve chicas por uno o dos chicos en cada grupo. Cada uno de ellos tenía que repartirse los cargos para una pequeña producción audiovisual: sólo un grupo tuvo directora; en los cuatro restantes los directores fueron ellos. Teniendo en cuenta la ratio de chicos/chicas en la clase, el resultado me pareció demoledor. Es sólo un ejemplo de los muchos que podría contar, pero a mí me parece bastante signififcativo. También soy profesora en una escuela de FP de Imagen y Sonido y veo las autolimitaciones que se imponen las chicas todo el tiempo. Es un tema largo y complejo y no es en realidad el tema de esta entrada, pero no quería dejar de comentarlo.
Así pues, cuando vi el titular en cuestión me sentí reforzada. Hasta que empecé a leer el texto y me di cuenta de que, en efecto, la información hacía aguas y el estudio, al menos aparentemente, también. Todos los medios (tiene razón Pereiro) titularon igual y dieron los mismos datos en su información, haciendo evidente que ninguno de ellos trató de recurrir a la fuente original, esto es, al propio informe. Tras el dato de que el 80% de los jóvenes piensa que la chica debe complacerles falta de manera evidente qué es lo que piensan ellos que debe hacer el chico y, sobre todo, en qué términos se planteó la pregunta… En fin.
Si el informe hubiera tenido otro sesgo, si en lugar de denunciar algo que yo creo que es verdad y que además coincide con lo políticamente correcto (aunque luego la sociedad esté retrocediendo hacia actitudes cada vez más machistas, es paradójico que sin embargo existan algunas posturas que nadie discute de cara a la galería), si en lugar de decir que hay que tener cuidado con el machismo de los jóvenes dijese, no sé, que está justificado que las chicas estudien peluquería porque estan más capacitadas para ello, en ese caso estoy segura de que muchos, yo incluida, habríamos saltado como un resorte denunciando los puntos débiles del informe, criticando a los medios que habían sido tendenciosos, acríticos y unánimes a la hora de publicar. Pero como el informe coincide con nuestra visión del mundo, es políticamente correcto y no culpabiliza a nadie, el titular no sólo pasó sin crítica alguna, sino que fue tuiteado y retuiteado mientras los biempensantes movíamos la cabeza rumiando aquello de “dónde vamos a ir a parar”…
Los manipuladores que nos indignan en algunos medios de comunicación que no necesito mencionar supongo que piensan lo mismo, supongo que se amparan en la idea de que la razón les asiste y que si algo responde a la esencia de la verdad no importa que la letra varíe un poco. El problema es que ninguno de nosotros está en posesión de la verdad. Ellos también creen que son los buenos.

Paraguas

Hice esta serie de fotos hace tres años… Me la pidieron para una exposición colectiva que iba a tratar sobre el cambio en Galicia post-Prestige. Después empezó a llover. Y lo que le queda. Así que in memorian, cuando menos que mis paraguas sublevados vean la luz.

Ideas preconcebidas

Ayer terminé de leer La mano izquierda de la oscuridad, la novela de Ursula K. Leguin que constituye uno de los ejemplos más destacados de la denominada “ciencia ficción feminista”, consistente en la especulación acerca de la posibilidad de otras estructuras y organizaciones sociales en las que la división sexual jugase un papel distinto del que posee en la humana.

En este caso la novela presenta un planeta, Gueden, en el que no existe la diferencia sexual. Sus habitantes son asexuados la mayor parte del tiempo, salvo en los periodos destinados a la reproducción durante los cuales se vuelven hombres o mujeres, indistintamente, algo que, como plantea el terrícola protagonista, resulta de difícil digestión para una especie en la que lo primero que se pregunta, cuando nace un niño, es si es hembra o varón.

Una vez leída, lo que más me llamó la atención fue mi propia incapacidad no para imaginarme a los personajes de la novela como carentes de sexo, sino para imaginármelos como algo que no fuesen personajes masculinos. Reyes, oráculos, ministros y prisioneros… casi sin excepción, todas las construcciones mentales que me fabriqué de los distintos personajes andróginos y asexuados que se iba encontrando Genry Ai se corresponden con varones y, de hecho, en algunos momentos en los que el protagonista los percibía como femeninos en pleno “kemmer” (el nombre que se le da en la novela al periodo de actividad sexual), mi sensación era la tener que reconfiguar mentalmente la idea que me había forjado de dicho personaje, por más que la novela insistiese una y otra vez en la asexualidad de los guedenianos.

Para que nadie me acuse de restringir mis ejemplos a las cuestiones de “género”, esta sensación me recordó a la que tuve mientras leía 2666 con la parte de Fate. Los que hayan leído el libro (cosa que recomiendo vivamente a los que no lo hayan hecho) recordarán que Fate es un periodista afroamericano que trabaja para una publicación de Harlem. El libro arranca con la muerte de su madre y Fate, que en realidad se llama Quincy Williams, se pasa gran parte de las páginas que siguen sumido en una náusea existencial que resulta más que curiosa en medio del tono de novela negra que preside esa parte.

Pues bien, a donde iba… Supongo que estaba leyendo algo despistada y no supe por ello descifrar las claves que se me iban dando, pero el caso es que Bolaño no verbaliza que Fate es negro hasta bien avanzado su libro y cuando lo hace a mí me pilló totalmente de sorpresa y me obligó a reconsiderar todo lo anterior. Pero no sólo eso, me obligó, sobre todo, a reconsiderar mi propia visión del mundo, tan determinada por los libros que he leído, en los que, siguiendo con el caso de Fate, si un personaje es negro siempre se explicita y si no se hace se asume que es blanco. Sirvan sino como muestra los resúmenes de la novela que circulan por Internet, donde se habla de un profesor universitario chileno –Amalfitano-, un prusiano pueblerino –Hans Reiter-, de la poeta Cesárea Tinajeos o el misterioso escritor alemán Benno von Archimboldi, todos ellos, como es “obvio”, blancos salvo que se especifique lo contrario…

¿Dónde están las mujeres?

El otro día mantuve una conversación que me hizo pensar. Antonio estaba confeccionando o repasando, no lo sé muy bien, una lista de gurús de la Red entre los cuales, curiosamente, no había ninguna mujer. Ya estamos otra vez, protesté. Es que no las hay, me contestó.

Imagino que no es tan así y que sí habrá alguna cuyo nombre ahora no se me viene a la cabeza pero es cierto que la gente a la que más leo o con la que más me tropiezo en la Red son en general hombres. Antonio añadió un comentario que me dio que pensar: “¿tú por qué no escribes en Internet?” Porque tengo dos niños, dos trabajos y muchos intereses y aficiones que cultivar y el tiempo no da para más. “Porque estás en la vida real”, tradujo.

Y aquí estamos. Al final, después de todo, a lo peor estoy como mi abuela y su abuela, inmersa en la vida real, ocupándome de las pequeñas grandes cosas cotidianas y dejando que otros, en masculino, se ocupen de la res pública. Hago esta reflexión en primera persona, pero la dejo aquí porque me temo que este “yo” se puede sustituir fácilmente por un “nosotras”. 

Porque además hay muchos matices que son incluso los que más me preocupan.  No es verdad que haya dejado de lado mi vida virtual. Le dedico muchas horas al día, casi todas las que tengo libres. Tengo ordenador desde el año 86 y me asomé aInternet por primera vez en el año 95 (de la mano de Wicho, nada menos, y de Antonio Sanjuán ) y desde entonces forma parte ineludible de mi vida. Sin embargo, mi uso de la Red es cada vez más “vergonzoso”, por decirlo de alguna forma, algo que creo que es extensible a la relación que mantienen mis amigas por Internet. Ya no subo mis fotos porque ahora sólo quiero mostrar proyectos serios y últimamente no tengo tiempo para ellos. No opino ni en este blog ni en los foros que visito casi a diario porque entiendo que mi opinión no le interesa a nadie más que a los míos y a esos ya se lo contaré en persona… La discreción siempre fue un valor asociado a la feminidad del que yo no es que me haya apropiado demasiado, pero me imagino que en el fondo algo de eso queda, algo de eso tiene que estar pesando en esa menor presencia de mujeres en la Red, en un entorno en el que en principio las viejas barreras como el tan estudiado techo de crsital no deberían estar pesando tanto.

Otro día volveré sobre el tema. Ahora mismo me reclama mi vida real, pero personalmente me he hecho propósito de enmienda y voy a tratar de romper con esa invisibilidad que me he autoimpuesto, ya veremos si me obedezco a mi misma.

Fecha de lectura

El 15 de abril a las 12.00 horas, en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias da Comunicación de la Universidade da Coruña, se celebrará, por fin, el acto de defensa de mi tesis. La verdad es que a medida que se aproxima el día me voy poniendo más nerviosa, pero al mismo tiempo estoy deseando que llegue (y pase) el día para poder dar por cerrado de una vez este capítulo interminable de la tesis doctoral. El acto es público, así que los que queráis estáis invitados a asistir, aunque me imagino que el evento no despertará un interés multitudinario :-)

Las periodistas en el cine de los 90

Mujeres_periodistas_90

Mujeres_periodistas_90

Edito el post, publicado hace casi dos años. La tesis sobre las periodistas hace tiempo que está acabada (tanto que casi me he olvidado de ella ;-) y los que estén interesados en ella pueden consultarla en el repositorio institucional de la UDC. Feliz lectura a los que se animen pero, eso sí, recordad que es una tesis (con todos sus defectos y virtudes). A ver si un día saco tiempo para convertirla en algo de más fácil digestión.

De momento, para abrir boca, algunas cifras y un “juego”.  En los años 90 se estrenaron en España 246 películas que incluían algún personje de periodista (hombre o mujer). De esas, eliminado doce títulos de casi imposible localización en la actualidad, en 113 los periodistas desempeñan un papel más o menos destacado para el desarrollo de la trama. Las mujeres periodistas constituyen casi la mitad de los personajes de profesionale sde la información si se tiene en cuenta sólo a los que desempeñan algún papel principal y algo más de la tercera parte si se contabilizan también los extras. En total he contado a un total de 796 periodistas en los años 90, 276 de ellos con roles más o menos principales, de los cuales más de la mitad trabaja en televisión. En general la visión que el cine ofrece de los periodistas en los años 90 es muy negativa y casi beligerante en el caso de las mujeres periodistas…. En la imagen que acompaña a este post podéis ver a algunas de ellas. No las he elegido de acuerdo con ningún criterio especial, sino que simplemente las he ido rescatando en función de cómo estaban ordenadas las carpetas en mi disco duro, así que, si os apetece, podéis ver si las reconocéis a todas, si identificáis en qué película salen…. Alguna es de premio ;-)

Homenaje a Curros

Homenaje a Curros

Homenaje a Curros

Mañana martes 25 de noviembre, a las 19.30, se inaugura en el Kioso Alfonso de A Coruña una exposición-homenaje a Curros Enríquez en la que participan sesenta artistas y para la cual me han seleccionado esta fotografía, de lo cual estoy muy satisfecha. Así que nada, ya sabéis.

Sofía Casanova y las primeras corresponsales de guerra

Caricatura Sofia Casanova

Hoy la Historia del Periodismo no tiene, según creo, demasiado peso en las facultades de Comunicación, pero cuando yo estudié, a principios de los 90, teníamos nada menos que dos asignaturas sobre el particular, que he de decir que a mí me gustaban mucho aunque tuvieran ese no sé qué que qué sé yo entre polvoriento y anacrónico e incluso un poco paradójico, porque en cierto sentido podríamos pensar que el periodismo, apresurado y efímero por naturaleza, podría hasta estar incluso reñido con la Historia. En fin.

El caso es que, con lógica o sin ella, a mí me gustaban esas dos asignaturas y me gustaba la Hemeroteca Municipal de Madrid, en la que pasé bastantes ratos husmeando, reconstruyendo una historia o historieta protagonizada por señores de traje y con enormes bigotes (hace poco, por cierto, vi una foto de la Redacción de La Voz de Galicia en el siglo XIX que si pudiera colgaría aquí como perfecto resumen de a qué me refiero)… Señores, trajes y bigotes, en efecto, nada de de faldas, señoras y sombreros, sombreritos o lo que fuera, lo cual a mí me mosqueaba un poco.

Así que empecé a husmear. “Rescaté” a algunas periodistas norteamericanas y me llevé la sorpresa de mi vida al encontrarme con unas biografías extraordinarias, dignas muchas de ellas de guiones de superproducciones hollywoodienses. Y en medio de todas ellas me tropecé con la Casanova (1861-1958). Casi nada. Una mujer gallega que había sido corresponsal en la I Guerra Mundial, en la Revolución Rusa, que había entrevistado a Trostky y se había escondido detrás de una cortina para obtener un relato de primera mano sobre Rasputín; que asistió a la invasión (nuevamente) de Varsovia en la II Guerra Mundial y que, ya muy anciana y casi ciega, había tenido el coraje y la fuerza como para seguir escribiendo sus crónicas, que para aquel entonces resultaban más incómodas y un tanto inoportunas… Una larga, larguísima vida que abarcaba casi por completo un siglo y gracias a la cual era posible reconstruir cien años (cruciales, además) de historia europea y que encima contaba con toda una serie de ingredientes añadidos que la dotaban de un atractivo novelesco indiscutible (sobre todo gracias a la particularísima historia de amor con Wicenty Lutoslawsky).

Así que, víctima de una fascinación absoluta por el personaje, empecé a escribir una tesis doctoral sobre su trabajo periodístico que me acompañó, intermitentemente, durante unos diez años, así a ojo. Muchos de mis allegados me han insinuado durante todos estos años que lo que tenía que escribir era una novela o un guión y no una tesis, y quizá fuera cierto, porque después de hacer un trabajo de recopilación bibliográfico y hemerográfico bastante ingente, acabé por abandonar la tesis y un poco también a Sofía Casanova, con la sensación de quien abandona a una abuela. Porque así, a lo tonto, la Casanova llegó a convertirse prácticamente en alguien de mi familia. Sus libros eran los primeros en abandonar las cajas después de una mudanza y siempre han ocupado un lugar de honor en mi casa, aunque a veces me incomodara verlos como una reconvención constante por no haber sido capaz de terminar la dichosa tesis.

Cuento todo esto porque en el último mes he vuelto a sumergirme en la vida y el trabajo de Sofía Casanova y he tenido la sensación de que bien merecía un post bien largo en este blog que tengo tan abandonado. La “culpa” de este regreso la tiene el ciclo Vida e tempo de Sofía Casanova, organizado por el Instituto de Estudos Galegos Padre Sarmiento, en el que participaré este jueves a las 20.00 h con una charla sobre el tema que da título a este post. Así que si queréis saber más sobre Sofía y las corresponsales de guerra de su época, ya sabéis, a darse una vuelta por Santiago el próximo jueves. ;-)

A rebelión dos paraugas

A rebelión dos paraugas

Pues ahora sí que, por fin, he terminado una nueva serie. Se titula “A rebelión dos paraugas” y consta de diez fotos, una de las cuales es, lógicamente, la que ilustra este post. Creo que en breve podré deciros dónde ver las otras nueve, pero de momento “hasta aquí puedo leer”.

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